San Juan de Ávila

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San Juan de Ávila

Viernes Santo

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Tratado del Amor de Dios, n.11. En Obras Completas, BAC (2000) Vol I, pp. 970-971

cristo-cripta¿Qué le falta a esa tu cruz para ser una espiritual ballesta, pues así hiere los corazones? La ballesta se hace de madera y una cuerda estirada, y una nuez al medio de ella, donde sube la cuerda para disparar la saeta con furia y hacer mayor la herida. Esta santa cruz es el madero; y el cuerpo tan extendido y brazos tan estirados son la cuerda; y la abertura de ese costado, la nuez donde se pone la saeta de amor para que de allí salga a herir el corazón desarmado. ¡Tirado ha la ballesta y herido me ha el corazón! Agora sepa todo el mundo que tengo yo el corazón herido. ¡Oh corazón mío! ¿Cómo te guarecerás? No hay médico que le cure si no es morir. Cuando yo, mi buen Jesús, veo que de tu costado sale ese hierro de esa lanza, esa lanza es una saeta de amor que me traspasa; y de tal manera hiere mi corazón, que no deja en él parte que no penetre. ¿Qué has hecho, Amor dulcísimo? ¿Qué has querido hacer en mi corazón? Viene aquí por curarme, ¡y hasme herido! Viene a que me enseñases a vivir, ¡y hácesme loco! ¡Oh dulcísima herida, oh sapientísima locura!, nunca me vea yo jamás sin ti.

No solamente la cruz, mas la mesma figura que en ella tienes, nos llama dulcemente a amor; la cabeza tienes inclinada, para oírnos y darnos besos de paz, con la cual convidas a los culpados, siendo tú el ofendido; los brazos tendidos, para abrazarnos; las manos agujereadas, para darnos tus bienes; el costado abierto, para recebirnos en tus entrañas; los pies enclavados, para esperarnos y para nunca te poder apartar de nosotros. De manera que mirándote, Señor, todo me convida a amor: el madero, la figura, el misterio, las heridas de tu cuerpo; y, sobre todo, el amor interior me da voces que te ame y que nunca te olvide de mi corazón. Pues ¿cómo me olvidaré de ti? Si de ti me olvidare, ¡oh buen Jesús!, sea echado en olvido de mi diestra; péguese mi lengua a los paladares si no me acordare de ti y si no te pusiere por principio de mis alegrías (Sal 136,5-6).

Cata, pues, aquí, ánima mía, declarada la causa del amor que Cristo nos tiene. Porque no nace este amor de mirar lo que hay en el hombre, sino de mirar a Dios y del deseo que tiene de cumplir su voluntad.

 

Jueves Santo

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Audi, filia [II], cap 69. En Obras Completas, BAC (2000) Vol I, pp. 683-685

juevessantoEl fuego de amor de ti, que en nosotros quieres que arda hasta encendernos, abrasarnos y quemarnos lo que somos, y transformarnos en ti, tú lo soplas con las mercedes que en tu vida nos heciste, y lo haces arder con la muerte que por nosotros pasaste. ¿Y quién hobiera que te amara, si tú no murieras de amor por dar vida a los que, por no amarte, están muertos? ¿Quién será leño tan húmido y frío, que viéndote a ti, árbol verde, del cual quien come vive, ser encendido en la cruz, y abrasado con fuego de tormentos que te daban, y del amor con que tú padecías, no se encienda en amarte aun hasta la muerte? ¿Quién será tan porfiado que se defienda de tu porfiada recuesta, en que tras nos anduviste desde que naciste del vientre de la

Virgen, y te tomó en sus brazos, y te reclinó en el pesebre, hasta que las mismas manos y brazos de ella te tomaron, cuando te quitaron muerto de la cruz, y fuiste encerrado en el santo sepulcro como en otro vientre? Abrasástete, por que no quedásemos fríos; lloraste, por que riésemos; padeciste, por que descansásemos; y fuiste baptizado con el derramamiento de tu sangre, por que nosotros fuésemos lavados de nuestras maldades.

 

Domingo de Ramos

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Audi, filia [II], cap 68. En Obras Completas, BAC (2000) Vol I, pp. 680-682

 1. […]  ninguno otro hay igual como el conocimiento de Jesucristo nuestro Señor, especialmente pensando cómo padeció y murió por nosotros. Ésta es la nueva alegre, predicada en la nueva Ley a todos los quebrantados de corazón (cf. Is 61,1), y les es dada una medicina muy más eficaz para su consuelo que sus llagas les pueden desconsolar. Este Señor crucificado es el que alegra a los que el conocimiento de sus propios pecados entristece, y el que absuelve a los que la Ley condena, y el que hace hijos de Dios a los que eran esclavos del demonio. A éste deben procurar conocer y allegarse todos los adeudados con espirituales deudas de pecados que han hecho, y que por ello están en angustia y amargura de corazón cuando se miran, e irles ha bien, […].

2. […] así quien sintiere desmayo mirando sus culpas, alce sus ojos a Jesucristo, puesto en la cruz, y cobrará esfuerzo. […] Porque los misterios que Cristo obró en su baptismo y pasión son bastantes para sosegar cualquier tempestad de desconfianza que en el corazón se levante. Y así por esto, como porque ningún libro hay tan eficaz para enseñar al hombre todo género de virtud, ni cuánto debe ser el pecado aborrecido y la virtud amada, como la pasión del Hijo de Dios; y también, porque es extremo de desagradecimiento poner en olvido un tan inmenso beneficio de amor, como fue padecer Cristo por nos, conviene, después del ejercicio de vuestro conocimiento, ocuparos en el conocimiento de Jesucristo nuestro Señor. […]

3. […] Porque quiere Dios Padre honrar la humanidad y humildad de su Unigénito Hijo, en no dar su amistad sino a quien las creyere; y no dar su familiar comunicación sino a quien con mucha atención las pensare.

4. Y, pues no es razón que dejéis de desear estos bienes, haceos esclava de esta sagrada Pasión, pues por ella fuistes libertada del captiverio de vuestros pecados y de los infernales tormentos, y os vernán los bienes ya dichos. Y no sea a vos pesado el pensar lo que a él con vuestro gran amor no le fue pesado pasar. […]

5. Pues, si bien os acordáis, esposa de Cristo, de lo que es razón que nunca os olvidéis, la Madre de este Salomón verdadero, que fue y es la bendita Virgen María, hallaréis haberle coronado con guirnalda hermosa, dándole carne sin ningún pecado en el día de la Encarnación, que fue día de ayuntamiento y desposorio del Verbo divino con aquella santa humanidad, y del Verbo hecho hombre con su Iglesia, que somos nosotros. […] Y al fin de la carrera, en el día del Viernes Santo, casó por palabras de presente con esta su Iglesia, por quien había trabajado, como Jacob por Raquel (cf. Gén 29,20). Porque entonces le fue sacada de su costado, estando él durmiendo el sueño de muerte, a semejanza de Eva, sacada de Adán, que dormía (cf. Gén 2,21). Y por esta obra tan excelente y de tanto amor, en aquel día obrada, llama Cristo a este día, mi día, cuando dice en el Evangelio: Abrahán, vuestro padre, se gozó para ver mi día; violo y gozóse (Jn 8,56). […] Mas ¿por qué se gozó? ¿Por ventura de los azotes, o tristezas o tormentos de Cristo? Cierto es haber sido la tristeza de Cristo tanta que bastaba para hacer entristecer de compasión a cualquiera, por mucha alegría que tuviese. Si no, díganlo sus tres amados apóstoles, a los cuales dijo: Triste es mi ánima hasta la muerte (Mt 26,38). ¿Qué sintieron sus corazones al sonido de esta palabra? La cual suele, aun a los que de lejos la oyen, lastimar su corazón con agudo cuchillo de compasión. Pues sus azotes, y tormentos, y clavos, y cruz, fueron tan lastimeros que, por duro que uno fuera y los viera, se moviera a compasión. Y aun no sé si los mismos que le atormentaban, viendo su mansedumbre en el sufrir y la crueldad de ellos en el herir, algún rato se compadecían de quien tanto padecía por ellos, aunque ellos no lo sabían. Pues, si los que a Cristo aborrecían pudieran ser entristecidos por ver sus tormentos, si del todo piedras no fueran, ¿qué diremos de un hombre tan amigo de Dios como fue Abrahán, que se gozase de ver el día en que Cristo tanto trabajo pasó? (cf. Jn 8,56).

Véase también 
 

El ejercicio del Viacrucis de la mano de San Juan de Ávila

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Las vísperas del Triduo Pascual puede ser momento oportuno para el ejercico del Viacrucis. 

Haciendo nuestra la invitación de San Juan de Ávila, alcemos los ojos poniéndolos en Cristo, que marcha con la cruz hacia el Calvario. Iniciemos, pues, nuestro camino con Jesús.
cuaresma

... miremos a Cristo puesto en la cruz, y verle hemos atormentada su carne, y deshonrado del mundo, y vencedor del demonio. ¿Quién a Cristo miró que fuese engañado? Ninguno, por cierto. Pues no apartemos nuestros ojos de Él si no queremos tornarnos ciegos. No le parezca que le tenemos en tan poco, que aun muriendo por nosotros no le queremos mirar. Por eso murió, porque nosotros nos esforzásemos, mirando a Él, para morir a nuestros pecados. Muera, pues, ya en nosotros nuestro viejo hombre, pues murió por nosotros en cruz nuestro nuevo Hombre, que es Cristo. Lleguemos a Él nuestras llagas, que con las suyas serán sanas. Y si el apartarnos de nuestros pecados nos parece penoso, muy más lo fue a Él apartársele su alma de su cuerpo cuando murió porque nosotros para siempre vivamos.

Ea, pues, cobremos ánimo para seguir a tal Capitán, pues que Él va delante de nosotros en el hacer y en el padecer. Crucifiquemos nuestra carne con Él, porque no vivamos según los deseos de ella, mas según el espíritu. Si el mundo nos persiguiere, escondámonos en sus santas llagas, y sentiremos las injurias por tan suaves como una música acordada y las piedras nos parecerán piedras preciosas, y las cárceles palacio, y la muerte se nos tornará vida. ¡Oh Jesucristo, y cuán fuerte es tu amor; y cómo todas las cosas convierte en bien, como dice San Pablo! (cf. Rom 8,28). Cierto, quien de tu amor se mantiene no morirá de hambre, no sentirá desnudez, no echará menos todo cuanto en el mundo hay, porque, poseyendo a Dios por el amor, no le falta cosa que buena sea. Tomemos, pues, muy amados hermanos, deseo de ir a ver aquesta visión... [Carta 65, Obras Completas, BAC (2000) Vol IV]

Ofrecemos dos propuestas con textos de san Juan de Ávila.

Viacrucis 1 Preprado por la Basílica de San Juan de Ávila. Montilla -Córdoba-.

Viacrucis 2 Preparado por el Cabildo de la Catedral de Jaén.

 

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