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Nos levantaste a lo más alto. Domingo de Resurrección

Meditación del beneficio que nos hizo el Señor, en Obras Completas, BAC (2000), Vol II, pp. 895-913

 

Pues hinquemos agora las rodillas y convoquemos a todas las criaturas para que nos ayuden a dar gracias al Señor por esta unión tan admirable y por esta gracia tan singular. Miraste, Señor, con estos tus piadosos ojos la bajeza de nuestra condición; compadecístete de nuestra miseria; determinaste, por tu sola piedad y clemencia, levantarnos de ella. Pudieras hacer esto de muchas maneras y en muchas cosas; y fue tan grande tu liberalidad, que nos levantaste a lo más alto que nos podías levantar, que es a la participación de ti, que eres infinito y sumo bien. ¿Adónde nos levantaste? A lo más alto de los serafines. ¡Oh maravillosa dispensación de tu gracia, que una criatura tan distante por la naturaleza de la condición de los ángeles sea por gracia igualada con el mayor de todos ellos y aun para llegar a ser participante del mesmo Dios! Mas por ventura dirás: «¿Cómo es posible que una cosa tan baja suba a tan alto lugar?». Para esto debe[s] saber que es condición de las cosas imperfetas que, juntándose con las perfetas, se comunique algo de su perfición, especialmente siendo así que, cuando las cosas son más perfetas, son más activas, como es el fuego entre los elementos, y, por consiguiente, son más poderosas c para semejar a sí todo lo que hallan a par de sí. ¿Quieres tú que un guisado desabrido sea sabroso? Échasle tú un poco de azúcar, o de miel, o de especias olorosas, y con esta mezcla viene, lo que era imperfeto, a participar la virtud y propiedades de lo perfeto, y a tener sabor y gracia lo que antes era desabrido y desgraciado.

Pongamos otro ejemplo de más dignidad. Ves una nube en el cielo muy negra y muy oscura, y, si acaso aciertan los rayos del sol, mayormente cuando se quiere ya poner, a embestirse en ella, ¿viste cuán hermosa se para y cuán semejante al mesmo sol? Mira qué hace la liga de lo perfecto con lo imperfecto. Pues de esta manera, tú, Señor, que eres el verdadero sol de justicia, viendo nuestras ánimas llenas de escuridad y tinieblas, tuviste por bien de abrazarte con ellas por medio de este santísimo sacramento, para que con tu virtud se convirtiesen nuestras tinieblas en luz y para que los que éramos semejantes al demonio en la obscuridad de la culpa fuésemos semejantes a ti en el resplandor de la gracia. Éramos también desabridos manjares al gusto del Eterno Padre, y tú, que eres panal de miel y pan de los ángeles, decendiste a ayuntarte con nosotros para quitar nuestro desabrimiento con tus sabores, y nuestra amargura con tu infinita suavidad. 

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